Dos mujeres maduras discuten en una terraza el domingo a la hora del aperitivo.
- Pues, yo estoy en contra del aborto. En el mismo momento en que se unen óvulo y espermatozoide hay una persona.
- No digas gilipolleces. Eso no es más que una célula, viva, pero una célula. Además, el debate “Aborto sí o aborto no”, ya está superado. Ahora se está discutiendo si se modifica la ley del 85 y se instaura una ley de plazos.
- Si una es mayorcita para tener relaciones sexuales, que apenque con las consecuencias.
- ¿Tú crees que las mujeres que abortan disfrutan con ello? En muchos casos hay secuelas psicológicas, o lo que es aún peor, físicas. Estamos ante un problema de salud pública. Y de libertad de la mujer. En caso de violación ¿tú qué harías?
- El niño no tiene la culpa.
- ¿Y si te dijeran que tu hijo viene ciego y sordo o con enormes malformaciones?
- Seguiría con el embarazo. Ninguno somos perfectos.
- Y cuando tú no estés en este mundo para cuidarle. ¿Quién se hará cargo de él?
- (…). Yo, sobre todo, me refiero a las jovenzuelas ligeras de cascos que se quedan en estado y luego cogen la salida más fácil.
- Estupendo. Lo que tú propones es traer al mundo hijos que no quieres.
- Hay muchas mujeres que no pueden quedarse embarazadas y que estarían encantadas de adoptar el bebé de otra.
- Lo mejor sería que se incrementara la educación sexual en las escuelas. Falta nos hace.
- Estoy de acuerdo.
Las dos beben un trago de sus cervezas.
- Y ¿qué te parece todo lo que está pasando con los bancos?
- Todos son unos ladrones.
- Sí, lo son.
Fin de la conversación.
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