viernes, 27 de febrero de 2009

Todavía hay esperanza

Siempre me despierto con la radio para saber cómo se presenta el día, aunque a las 6:30 de la mañana es difícil absorber toda la avalancha de información –o desinformación- que uno recibe.

El otro día, de toda la ristra de noticias que disparó la locutora, sólo pude procesar 3 palabras: subida-impuestos-ricos. Me quedé atónita. Aquella concatenación de palabras chirrió en mis oídos por inusual y pensé que mi cerebro me jugaba una mala pasada. Esa sucesión de palabras había quedado sólo para los libros escritos por “rojos” , los programas electorales de izquierdas populistas latinoamericanas y los mítines de IU.

Quería recabar más datos y así lo hice al llegar al trabajo. Y efectivamente: la noticia era cierta. Sólo tengo una palabra: ¡Bravo! … Y que cunda el ejemplo.



jueves, 26 de febrero de 2009

No quiero ser malpensada

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 49, 50, 51, 42, 43, 54, 55, 56 y 57.

57 puñaladas le asestó Jacobo Piñeiro a una pareja de homosexuales en Vigo. Creyó que le iban a violar y quiso defenderse. Después, roció los cadáveres con alcohol y les prendió fuego. El pasado 20 de febrero un jurado popular absolvió a Jacobo al considerar que actuó en defensa propia. ¿Defensa propia?

Estoy segura de que, en realidad, quisieron hablar de ensañamiento.

domingo, 8 de febrero de 2009

ERE que ERE

Digamos que me llamo Equis. O mejor dicho, Zeta. Y soy víctima de un ERE, una de esas plagas del siglo XXI, que se contagia a velocidad de vértigo y se propaga sin que haya vacuna posible. Allá por donde pasa, no vuelve a crecer la hierba.

Su látigo castigador es capaz de quitarse de en medio a cientos de trabajadores, a los muy buenos, a los malos y a los regulares. No hace distinciones. La suerte más abyecta es quien te pone la etiqueta de “prescindible”. Y te quedas en la puñetera calle con tu abultado CV.

Vuelves a casa con tu taza de café de la suerte y tu cactus antirradiaciones. Y con una indemnización que sólo servirá para pagar varios recibos de tu amiga la hipoteca.
Qué pena, penita, pena.